miércoles, 27 de octubre de 2010

Un vistazo más al servicio público

En las últimas entradas hemos visto que existen diversos países que interpretan de formas distintas su servicio público. Pero no por ello no podemos establecer unos principios que rijan su funcionamiento. Blumler ya expuso los siete principios básicos: la calidad de los programas, la diversidad de contenidos, la identidad cultural, la independencia de los programadores con respecto a las influencias comerciales, la integridad de la comunicación cívica, el bienestar de los niños y jóvenes y  el respeto a los estándares.

La verdad es que, después de reflexionar, he llegado a la conclusión de que sólamente en Europa pueden aplicarse todos los anteriores, puesto que es en Europa donde se relaciona el Estado con el servicio público. Pero este no es el caso de EEUU, que se encuentra dominado por medios privados, y el Estado no interviene demasiado. Con ello quiero reflejar el cambio tan grande que supone ser consumidor en ambos territorios. Pero Hoynes quiso contentar también al gigante EEUU y estableció otros principios que regían su servicio público: la participación, la interacción o la propiedad social. Además de estos dos, surgió una nueva fuente de principios: la Mesa Redonda Internacional sobre las funciones culturales y educativas de la Radiodifusión de Servicio Público.

Hoy en día, conscientes de lo que debería significar nuestro servicio publico, se le añaden nuevas funciones como la atención a las capas desprotegidas de la sociedad, el estímulo al desarrollo de la industria audiovisual, el apoyo a la educación y la formación, el estímulo para la consolidación y la extensión de la democracia, la catalización del sistema cultural, programación especifica y la cooperación internacional e integración regional.

Es una pena que, ante todas estas medidas que intentan beneficiar a nuestro servicio público existe todavía poca trascendencia en la sociedad. Los espectadores no se preocupan de lo que sale por televisión y no son críticos con sus gustos. Por ello creo que se ha de luchar más en este campo y nunca perder la esperanza de mejorar, intentar orientar al publico para que sea verdaderamente justo con este servicio publico y así, ofrecer medidas estatales y sociales orientadas a toda la comunicación en conjunto. Es decir, lo importante de este tiempo es reflexionar sobre cómo es la comunicación que tenemos ahora, cómo son los distintos medios comunicativos y si los sistemas comunicativos encajan en la sociedad y en sus valores.

Lo más trascendental en esta historia no es, ni mucho menos, quejarse siempre. No. Aunque si existen estas quejas es porque algo no funciona. Porque desde arriba no se está haciendo demasiado bien. Lo importante es atender al carácter abierto que debe tener un servicio público. Y este carácter abierto es la forma idónea para que encaje en la sociedad y para que nadie pueda tener queja.

Somos los ciudadanos y consumidores de televisión los que debemos debatir sobre ello y criticar para idear finalidades de la información publica, para analizar la programación, para estimular la participación y para dar un empujón a todo el sistema. Un empujón que necesita y que, gracias a todo esto, podemos darle.

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